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Benedicto XII

Benedicto XII
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Papa de la Iglesia católica
20 de diciembre de 1334 - 25 de abril de 1342
Benedicto XII papa.png
Consagración episcopal8 de enero de 1335
PredecesorJuan XXII
SucesorClemente VI
Información personal
Nombre secularJacobo Fournier
TítulosAbad de Fontfroide (1311 – 1317), Obispo de Pamiers (1317 - 1326), Obispo de Mirepoix (1326 - 1327) y Cardenal presbítero de Santa Priscila (1326 - 1327)
Nacimiento1280
Saverdun, condado de Foix, Bandera de Francia Francia
Fallecimiento25 de abril de 1342
Aviñón Bandera de Francia Francia
CongregaciónOrden Cisterciense
EstudiosTeólogo

Benedicto XII. Papa francés sucesor de Juan XXII. Fue el Papa No. 197 de la Iglesia Católica y el tercer pontífice que gobernó la iglesia desde Aviñón. Miembro de la orden cisterciense, había sido obispo de Pamiers y de Mirepoix. Como papa, suprimió la encomienda de obispados y abadías (1335) y emprendió la construcción del castillo-palacio pontificio de Aviñón.[1] Durante su pontificado combatió la simonía y el nepotismo y trató de revertir el Cisma de Oriente y Occidente.

Celoso también por la preservación de la Fe, estimuló a los obispos en los distritos infectados a estar vigilantes en la represión de la herejía, urgiéndoles en el uso de la inquisición como remedio preventivo. Combatió enérgicamente las doctrinas antipapales que los teóricos eclesiástico-políticos de el turbio período de Aviñón habían extendido y que desafortunadamente habían sido apoyados por una escuela de Franciscanos descarriados.[2]

Intentó infructuosamente impedir el estallido del conflicto entre Inglaterra y Francia que más tarde se convirtió en la Guerra de los Cien Años. Su bula Benedictus Deus (1336) estableció la doctrina de la visión beatífica como una visión de Dios concedida a las almas de los justos inmediatamente después de morir.[3]

Síntesis biográfica

Primeros años

Nació en Saverdun, condado de Foix, en la provincia francesa de Toulouse. Su nombre de pila era Jacques Fournier y era hijo de un pastelero llamado Guillermo. Ingresó en la orden del Císter en el monasterio de Boulbonne, y se graduó de Doctor en Teología en la Universidad de París, Francia. En 1311 fue nombrado abad del monasterio de Frontfroide tras la muerte de su tío anterior Abad de éste Arnoldo Novelli, más conocido por su apellido Fournier. En 1317 fue obispo de Pamiers. Nueve años gobernó esta diócesis, que dejó por la de Mirepoix, a donde Juan XXII le envió el capelo de cardenal en 1326. El 18 de diciembre de 1327 fue nombrado cardenal por el papa Juan XXII.

A la muerte del Papa Juan XXII, el 4 de diciembre del año 1334, la mayoría de los cardenales reunidos en cónclave se oponían al regreso a Roma, por lo que exigieron al cardenal de Comminges, cuya elección se daba por segura, el compromiso de permanecer en Aviñón. Su negativa provocó una inesperada búsqueda de candidatos.

Fournier era uno de los pocos con suficientes méritos académicos, pero no era de los favoritos para la sucesión papal debido a su origen humilde y por no poseer una gran fortuna. Sin embargo, en la votación del 20 de diciembre de 1334, muchos electores, creyendo interpretar el sentir del cónclave, votaron por el Cardenal Fournier quien sorprendentemente obtuvo más del 60% de los votos necesarios para ser elegido papa por lo que el cónclave le dio la tiara el 20 de diciembre de 1334. Fue consagrado papa el 8 de enero de 1335 con el nombre de Benedicto XII.

Pontificado

Se le llamaba el cardenal blanco por el color de sus hábitos que no eran más que los de la orden cisterciense los cuales decidió conservar; y aunque tenía fama de profundo jurisconsulto y teólogo muy sabio, debió su elección a la circunstancia de haberla rehusado el cardenal de Comminges.

En el inicio de su papado quiso restablecer la sede pontificia en Roma, pero los cardenales le hicieron ver la difícil situación de conflictos en que se hallaba inmersa la península italiana por lo que decidió mantener la sede en Aviñón. Un tiempo después sintiendo remordimiento, durante una enfermedad crítica se comprometió a trasladar su corte a Boloña. Los cardenales presionaron con el débil argumento de lo difícil que sería lograr la obediencia, y Benedicto decidió permanecer en Aviñón donde en 1339, comenzó la construcción del Palacio de los papas sólido castillo que todavía existe ordenando además la restauración de la basílica de San Pedro y la de Letrán.

Atento siempre a los sucesos de la perturbada Italia, envió a menudo dinero para socorrer al pueblo golpeado por el hambre, así como para restaurar iglesias. La principal preocupación de Benedicto fue terminar con los abusos.

Se hallaba entonces la Santa Sede en Avignón, donde celebró un concilio con propósito de reformar los abusos del alto clero, promulgó el 29 de enero de 1336, la Bula Benedictus Deus definiendo la inmediata visión intuitiva de Dios, para las almas de los justos que no tengan faltas que expiar, y declaró que las almas de los santos ven frente a frente a la Divinidad y sin interrupciones, doctrina contraria a la de su antecesor Juan XXII. Los romanos le suplicaron que regresase a su capital; mostró propósitos de hacerlo llevando la Santa Sede a Bolonia para ir acercándose a Roma; pero las revueltas que hubo en aquella ciudad y las intrigas del rey de Francia, le obligaron a permanecer en Avignón.

En sus relaciones con el monarca francés, fue más enérgico que su antecesor, y no permitió que se le otorgara, como pedía, el diezmo de la iglesia durante diez años, bajo pretexto de una cruzada a Tierra Santa. Se dice que trató de persuadir a Eduardo III de Inglaterra, para que estableciera la inquisición en su reino, pidiéndole también que apoyara a los obispos irlandeses a extirpar la herejía. Entabló negociaciones con el emperador Luis de Baviera, a quien su antecesor Juan XXII había excomulgado, pero Felipe VI de Francia, asistido por varios cardenales lo convenció de lo contrario.

A pesar de los intentos de acercamiento por parte de Luis de Baviera, y el 11 de abril de 1337, Benedicto XII declaró solemnemente que era imposible absolver a Luis de Baviera. Declaración que propició la alianza entre Luis de Baviera y Eduardo III de Inglaterra que le declararon la guerra a Francia en lo que hoy se conoce como la “Guerra de los Cien Años”.

Felipe VI de Francia

Benedicto renovó las excomuniones contra el emperador, y declaró vacante el trono de Alemania. Los príncipes del imperio y el rey de Inglaterra aprobaron el decreto de la Dieta sin embargo de los demás príncipes de Europa no consiguió, como pretendía, que hicieran causa común con él oponiéndose al emperador. Antes al contrario, Felipe VI de Francia se apoderaba de los beneficios vacantes, y el rey de Sicilia, despreciando los anatemas pontificios, se negaba, en virtud de su perfecto derecho, a entregar su reino al protegido de Benedicto.

Los reyes de Portugal y de Hungría se apoderaron también de los bienes del clero, y ningún resultado dieron las gestiones hechas con el emperador Andrónico para unir las iglesias griega y latina. Demostró su preocupación por la iglesia de Armenia que a principio del siglo catorce sufrió la invasión de los mahometanos, socorrió a los menos afortunados en el orden temporal, y concilió las diferencias doctrinales que habían desgarrado Armenia con el cisma.

También condenó por indecentes las "mayorías" y solo concedió beneficios con una estricta discriminación dejando muchas sedes vacantes, lo que dio pie a la calumnia de que solo él se estaba beneficiando con los impuestos. Atacó vigorosamente la codicia por las ganancias entre los eclesiásticos; reguló los impuestos a pagar por los documentos extendidos por la oficina papal; hizo que las visitas episcopales no fueran más una opresión financiera para los clérigos; abolió la práctica de la solicitud de refrenda por favores papales, que eran extremadamente lucrativos para los oficiales venales; y estableció el Registro de Súplicas para el control de dichas peticiones.[4] La reforma monástica en particular comprometió su celo. Soñó con revivir el primitivo fervor en los monasterios, así como la devoción al estudio. Algunas constituciones papales relacionadas a los monasterios, así como sus visitas a los mismos atestiguan su solicitud por el renacimiento de los monasterios.

Una leyenda certificada por Aegidius de Viterbo asegura que en una ocasión dijo:

" un Papa debe ser como Melquisedec, sin padre, sin madre, sin genealogía". .[5]

Benedicto XII atacó con vehemencia la codicia entre el clero, aborreció y enfrentó con tenacidad el nepotismo y combatió la extendida corrupción en los trámites legales del papado. También luchó por impulsar una reforma y vuelta a la sencillez y el fervor original de la vida monástica en su deseo por mantener la unidad, la supremacía y la ortodoxia de la iglesia.

Muerte

Falleció el 25 de abril de 1342. Su pontificado se puede considerar como aportador de muchos bienes para la Iglesia. Se empeñó a conciencia en lograr satisfacer las necesidades de la Iglesia en un período crítico.

En las relaciones políticas, sin embargo, no tuvo éxito, aunque estaba decidido a actuar independientemente de Felipe VI de Francia, éste tuvo generalmente éxito en someter al Papa a su política lo que ayudó a evitar su regreso a Roma, frustrando además sus deseos de hacer la paz con el Emperador Luis de Baviera.

Inexperto en política, tenía poca aptitud para la diplomacia, y un conocimiento escaso del hombre y de los asuntos del mundo. No pudo escapar a las calumnias se hizo de muchos enemigos cuyas mentiras habrían inspirado apreciaciones anticatólicas de su carácter.

Referencias

  1. Benedicto XII. Disponible en: Biografías y vidas Consultada el 14 de julio de 2014
  2. Papa Benedicto XII. Disponible en: Enciclopedia católica online Consultada el 14 de julio de 2014
  3. Benedicto XII. Disponible en: Enciclopedia Univesal Esacademic Consultada el 14 de julio de 2014
  4. Papa Benedicto XII. Disponible en: Enciclopedia católica online Consultada el 14 de julio de 2014
  5. Papa Benedicto XII. Disponible en: Enciclopedia católica online Consultada el 14 de julio de 2014

Fuentes